Segunda sesión del Seminario

Segunda sesión del Seminario
Sesión del 10 de Junio

viernes, 3 de abril de 2009

Ritual y Oficio en la cantora yaqui.

Hist. Raffaella Fontanot Ochoa
De la pastoral jesuita surgirán las cantoras, que conforme se fueron consolidando las asociaciones religiosas tradicionales, ocuparon un lugar protagónico en la organización grupal que se conserva hasta nuestros días.
La cantora también era la encargada de limpiar el templo, preparar y servir los alimentos del misionero y por esa labor no recibía ninguna paga.
Sobre la antigüedad del oficio Albina, cantora de la comunidad yaqui del Coloso Bajo en Hermosillo, Sonora comentó:
“Pues a nosotros nos platicaban los mayores que toda la vida ha sido todo esto desde que el yaqui es yaqui. Cuando andaban en la guerra nos platicaba mi papá que le platicaban los mayores que donde les llegara la fiesta allí la hacían como podían”
Para ser cantora se necesita no solamente tener una modulada voz sino el convencimiento de que su entrega es definitiva para servir a la comunidad, lo que significa ser llamada a cualquier hora del día o de la noche, aprender de memoria los rezos y alabanzas, asistir a las reuniones con gobernadores, por motivo de la cercanía de una fiesta, por una “ayuda” o cuando “haya algo que dialogar entre todos”
La mujer que se decide a ser cantora, es entrenada por una cantora mayor, de más edad y lo hace principalmente de memoria, como ha sido por aproximadamente 300 años. En el día del Corpus Christi o Santa Isabel, podrá ser consagrada después de pasar una prueba de memoria y habilidad para coordinarse con el maistro rezandero; para esa ocasión se designarán padrino y madrina.
La cantora pertenece a una sociedad ceremonial permanente, junto con el temastian, matachines, chapayecas, kiyosteis y tenanchis en contraste con las sociedades ceremoniales temporales como el hábito, angelitos y fiesteros.
Su labor se desarrolla en las ceremonias sacramentales: Semana Santa y las del tiempo ordinario como pueden ser las fiestas patronales. La kiyostei es encargada del templo y las imágenes de santos y la tenanchi es aprendiz de cantora y abanderada en las procesiones. La participación en las cofradías de varios integrantes de la misma familia refuerza la unidad entre parejas, padres e hijos y por lo tanto del grupo ya que es común que las cantoras tengan compañeros o hijos fiesteros.
Ritual y oficio representan en el sentido tradicional religioso la supervivencia sociocultural ya que la cantora presta servicio a necesidades espirituales incuestionables en los llamados rituales de paso por lo que poseen un status basado en el respeto, credibilidad y confianza entre los miembros de la comunidad. Su trabajo se coordina con el del resto de los servidores eclesiásticos aunado a su papel individual en los oficios que sólo ella realiza, de manera que su actividad fluye naturalmente en la cotidianidad del grupo. La cantora se considera salvaguarda de una tradición centenaria, que dicta entre otros principios, como ellas mismas dicen: “dejar huella”.


Publicado en boletín del centro INAH Sonora "Señales de Humo" Año 6 No. 19 Septiembre-Diciembre 2008

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