Segunda sesión del Seminario

Segunda sesión del Seminario
Sesión del 10 de Junio

jueves, 16 de octubre de 2008

VIENE VOLANDO LA DAMA DE AZUL

Julio César Montané Martí

En alas de la fantasía viene volando Sor María de Jesús de Agrega, la dama de azul, a la Pimería, así lo creyó Matheo Mange, pues los indios le dieron testimonio de esta prodigiosa mujer que les predicaba volando y a pesar que la flechaban al otro día aparecía nuevamente.
Juan Mateo Mange, el segundo que escribiera una historia de Sonora
[1], fue el primero y el único que menciona la presencia de Sor María de Jesús de Agreda por estas tierras, pues sólo se conocen menciones de su presencia para Nuevo México. Cuenta que acompañando al misionero jesuita Eusebio Francisco Kino por la Pimería unos indios le dijeron “que siendo ellos muchachos, vino a sus tierras una mujer blanca y hermosa vestida de blanco, pardo y azul, hasta los pies y un paño o velo con que cubría la cabeza, la que les hablaba, gritaba, y reñía, con una cruz, en lengua que no entendían y que las naciones del río Colorado la flecharon y dejaron por muerta dos veces y que resucitando se iba por el aire sin saber donde era su casa y vivienda, y a pocos días volvía muchas veces a reñirlos; lo mismo nos habían dicho cinco días antes en la Ranchería de San Marcelo a que no dábamos ascenso, pero confirmado éstos lo mismo y en lugares tan apartados, discurrimos si acaso la Venerable María de Jesús de Agreda, por decir en la relación de su vida, que por los años de 1630 predicó a los indios gentiles de esta Septentrional América y contornos de Nuevo México, y habiendo pasado 68 años hasta el corriente en que nos dan esta noticia los viejos que parecen según el aspecto de 80 años puedan acordarse. Solo reparamos el añadir no la entendían por que Dios obrando el mayor milagro de ser conducida a estas regiones desde España, no hace las cosas imperfectas y le había de dar el don de lenguas para ser entendida, así, pues, a lo principal sigue lo accesorio de ser ella, como ha pasado tanto tiempo y ser entonces muchachos harían poco concepto en lo que les enseñaba o el Demonio, caos de confusión los confundió después borrándoles la memoria, o será lo que notamos en estas naciones, en que, hablándoles en distinta lengua a la suya, aunque la entiendan, usan de la frase de no la entienden, para explicar que no es su lengua. ”[2] Parece ser que Kino no fue de este parecer, pues no consignó tan importante acontecimiento. Por otra parte se trata de una monja franciscana y recordemos que los jesuitas tenían conflictos con los franciscanpos.
La monja franciscana María Jesús Agreda, venerable mística, sostuvo que tenía el poder de bilocación y que había realizado unos 500 actos de predica a los indios de Nuevo México a donde se trasladaba estando en el convento franciscano de Ágreda y permaneciendo su cuerpo allí. Su confesor, Sebastián Mancilla de Ágreda, enterado de las bilocaciones de la monja se lo comunicó al arzobispo de México quién ordenó investigar tales acciones en Nuevo México. Para cumplir con tal mandato los frailes franciscanos Juan de Salas y Diego López realizaron indagaciones entre los indios jumanos de Texas sudoccidental.
[3]
Muy pronto el Santo Oficio la tuvo entre ceja y ceja y colocó en el Índice su obra magna la Mística ciudad de Dios, extensa obra dictada, según decía, por la Virgen María y donde se describe en detalle la infancia y mocedades de Jesús. Pero probablemente por su amistad con el rey Felipe IV, del que era consejera y con el cuál mantenía nutrida correspondencia, no permaneció mucho tiempo prohibido el libro. Lo que no quita que a su obra se la sometiera a muchas censuras en sucesivas ediciones. Por cierto no es una cualidad única de la monja la bilocación, pues otros también han sostenido tener tal virtud, entre muchos baste citar, a San Ignacio de Loyola que visitó al rector de un colegio en Colonia mientras su cuerpo permanecía en Roma, y San Martín de Porres que viajó por todo el mundo sin que su cuerpo abandonara Lima. Se trata de un acto de fe, o una creencia, que unos creen y otros no, pero que el historiador no puede ignorar, pues las gentes de la época pensaban que era real. Aquí lo que nos interesó fue que Matheo Manje como otros contemporáneos si creyeron, y esta es la razón por la que la que la recordamos. Se sostuvo que mientras regalaba rosarios en México durante sus viajes astrales allí en su celda de Ágreda un baúl con rosarios desminuía su contenido inexplicablemente.
El franciscano Alonso de Benavente escribió un memorial al rey sobre lo que los indios de Nuevo México le había contado sobre la dama de azul que se les aparecía para predicarles el evangelio
[4]. En viaje a España se entrevistó con la madre Ágreda.
María de Jesús de Ágreda, monja Franciscana descalza nació en 1602 en el pueblo de Ágreda, de apellido Coronel, murió en 1665. El rey Felipe IV le escribía con frecuencia y la consultaba antes de tomar alguna resolución, se dice que nada resolvía sin su consentimiento.
Mange le dedico dos capítulos ce su libro a la mística. Kino fuertemente pragmático no la menciona.
Su padre y hermanos entraron a un convento franciscano y cuando ella sólo tenía doce años su padre dispuso que su casa se convirtiera en un convento siendo ella y su madre las primeras novicias. Es decir nunca salió de su casa. Esta monja escribió una notable obra literaria muy popular en la época, intitulada Mística ciudad de Dios, milagro de su omnipotencia y abismo de la gracia, historia y vida de la Madre de Dios, reina y Señora Nuestra, María Santísima, restauradora de la culpa de Eva y medianera de la gracia: manifestada en estos últimos siglos por la misma señora de su esclava sor María de Jesús, para nueva lus del mundo, alegría de la Iglesia católica, y confianza de los mortales. Si bien les puede parecer largo el título, es típico del barroquismo de la época. Su confesor la obligo a destruir el manuscrito, pero después la reinició y nuevamente el celoso confesor le solicitó destruyera lo escrito. La obra produjo conmoción, pues no se explicaban como una monja que desde niña estaba en el convento y sin mayor educación podía escribir una vida de la Virgen María y de la infancia de Jesús siguiendo las huellas de Santo Tomás y de Escoto. Como era de esperar muy pronto cayó
La obra en los ojos avizores del Tribunal del Santo Oficio que determinó ponerla en el Índice de obras prohibidas. Pero permaneció poco tiempo en tal lista, pues parece ser que su amistad con el rey Felipe IV la salvó de la censura. Fue publicada en Madrid en 1670. Cuarenta añois después había sido reimpresa en Barcelona, Valencia, Amberes, Marsella, Milán, Trento, Bruselas y Ausburgo, y traducida a cuatro idiomas vivos y al latín.

[1] El primero fue Baltasar de Obregón.
[2] Juan Matheo Manje Luz de Tierra Incógnita en la América Septentrional y Diario de las Exploraciones en Sonora. Archivo General de la Nación, 1926, México. P. 266-267.
[3] Donald E. Chipaman, Texas en la época colonial, Mapfre, 1992, Madrid. P. 92.
[4] Alonso de Benavides, Memorial que Fray Juan de Santander de la orden de san Francisco, Comisario General de Indias, presenta a la Majestad Católica del Rey don Felipe Quarto nuestro señor. Hecho por el padre Fray Alonso de Benavides Comisario del Santo Oficio, y Custodio que ha sido de las Provincia, y conversiones del Nuevo-México. Madrid, en la imprenta Real, 1630.

No hay comentarios: