Segunda sesión del Seminario

Segunda sesión del Seminario
Sesión del 10 de Junio

jueves, 16 de octubre de 2008

La Mujer en el siglo XVI

Arqlgo. Julio César Montané Martí


Los españoles nos han dejado breves referencias a la presencia de la mujer en Sonora durante el siglo XVI. Las referencias son básicamente referencias a las mujeres aborígenes. Los expedicionarios españoles de este siglo trajeron consigo mujeres indígenas del sur para que los atendieran, hacerles la comida y lavarles la ropa, y claro está como concubinas. Tenemos muy escasos datos de ellas y no sabemos si retornaron o se quedaron en Sonora. Tenemos noticias de que en algunas de las expediciones marítimas a las costas sonorenses también viajaron mujeres indígenas del sur.
Las referencias a las mujeres aborígenes son mayores aunque escasas. El viernes 23 de agosto de 1540 Hernando de Alarcón divisa a los indios cocopas en las márgenes del río Colorado y observa que los aborígenes protegen a los niños y las mujeres de los españoles colocándolos a buen recaudo. Ésta será una constante de los indios ante la presencia de españoles de los que tienen malos informes, pues unos años antes andaban en Sinaloa cazando indios, indias y niños, para esclavizarlos, noticias de las que estaban informados. Las mujeres cocopas estaban desnudas y llevaban en la cintura un manojo de plumas pintadas por delante y por atrás. Más adelante Alarcón describe a una india de otro poblado que está vestikfa con un cuero de siervo bien curtido desde la cintura a los pies. Le preguntó si tenían mujeres en común y la india le respondió que el que se casaba tenía una sola mujer. Le dijeron que el que tenía una hija se presentaba ante la gente y decía: yo tengo una hija para casarse, ¿hay aquí persona que la quiera? Si ahí se encontraba quien la quisiese respondía que sí y se concertaba el matrimonio. El padre del que la quería tenía que dar algo a la joven. Desde ese momento se consideraban casados y se hacía la fiesta cantando y bailando y llegada la noche dejaban los parientes a los novios en un lugar donde nadie los pudiese ver.Le dijeron que no se casaban hermanos con hermanas ni con parientes y que lkas mujeres antes de casarse no trataban con hombres. Estaban es sus casas trabajando. Y que eran consideradas malas mujeres las que no eran castas. Mataban a los adúlteros, Sólo podían tener una mujer públicamente.[1]
GUATUZACA
Guatuzaca es el nombre del primer ser mítico del que tuvieron noticias los españoles para Sonora. Lo referimos ya que se trata de un personaje femenino. Los indios le contaron a Hernando de Alarcón que en una laguna vivía una vieja que era muy respetada y servida por ellos que vivía en una casita que había allí y que no comía jamás y que hacía cascabeles y que le regalaban muchas plumas, mantas y maíz.[2]
INDIOS TRASVESTI
Hernando de Alarcón encontró que entre las mujeres yumas había unos indios vestidos como mujeres y que comportaban como mujeres, no mantenían relaciones carnales con mujeres y daban en cambio servicios sexuales a los varones.
También Alarcón observo que había algunas mujeres que hablaban deshonestamente con los hombres y le dijeron que eran mujeres del mundo, pero no nos queda claro del papel que jugaban. Hablando de mujeres no debe3mos dejar fuera a los que intentan actuar como mujeres, como así mismo las mujeres que mantiene relaciones amorosas con mujeres.
En esta expedición de Alarcón un marinero español se quedó a vivir con una india durante el tiempo que tardó la exploración del río Colorado. Es el primer emparejamiento del que tenemos noticia, entre un español y una india, aunque sea temporal.
En 1533 observó Jorge Robledo que en el río yaquimi, río yaqui, las mujeres estaban tatuadas en la cara, dice “ Andan algunas mujeres de esta tierra herradas ( tatuadas ) en la barba como moriscas, y los labrios (labios ) bajos.”[3] Hay noticias que las mujeres pimas también se tatuaban, y las indias que no se tatuaban empleaban pinturas faciales y corporales.
Castañeda de Nájera nos ha dejado la primera referencia a las mujeres del Río Sonora señalando que visten naguas de cuero adobado de venado y sambenitillos hasta medio cuerpo.[4] Baltasar Obregón señalan que los indios de San Jerónimo de los Corazones le dijeron al gobernador Ibarra que habían dado muerte a los españoles debido a que les tomaban sus mujeres e hijas para aprovecharse de ellas deshonestamente.[5] También dieron noticias de dos mestizos hijos de indias naturales de allí y de los cristianos que ellos habían muerto y que asistían en un pueblo llamado Saguaripa en la sierra.[6] El mismo Obregón nos informa de las razones de los conflictos que se generaban entre indios y españoles por el abuso que ejercían los conquistadores sobre las mujeres aborígenes. Nos lo expresa con las siguientes muy claras palabras “Mandar con graves penas que los soldados guardes castidad con las mujeres e hijas de los naturales, especialmente con las que no son bautizadas adonde fueran nuevamente convertidas y en cuyos pueblos y lugares pasaren o poblaren, porque de no guardar y poner por obra de esta justa y cristiana obra, orden y castidad suelen alzarse los naturales, porque es veneno y ponzoña que les hacen cancerar sus carozazos y matar, asolar y destruir a los que les hacen estos daños. Ejemplo y experiencia tenemos de esto en los primeros descubridores que dejó poblado don Francisco Colón en Santo Domingo, que por aprovecharse de las mujeres e hijas de los naturales de aquella primera tierra de Indias los mataron; y lo mismo acaeció a Nuño de Guzmán que pobló en la provincia de Chiametla, y a los que dejó poblados Francisco Vázquez Coronados en el valle de Señora en compañía de Diego de Alcaraz con cien hombres, , de los cuales sólo escaparon seis cristianos, todos los cuales en estas partes y lugares por haberse aprovechado de las mujeres e hijas deshonestamente los asolaron y destruyeron y mataron. De manera que excusando estoy con vivir recatados de no emponzoñar ni poner en cuidado de celo a los naturales, guardarán el mandamiento y precepto de Dios nuestro Señor y darán buen ejemplo a los naturales y excusarán las guerras, disoluciones y matanzas”.[7] Este texto de Obregón es bien decidor de la situación que se dio en el siglo XVI, y posteriormente, entre españoles e indios. Es típico de la conquista española, y de las conquistas en general de que son las mujeres quienes pagan las consecuencias de la derrota antes las huestes vencedoras agraviado por la actitud de los conquistadores convencidos de su superioridad, además de que estas tierras y todo lo que contienen les pertenecían. Si bien cierto que no necesitan de muchas justificaciones para aprovecharse de las indias, no debemos olvidar que suelen andar estos varones solos, y sólo pocos cuentan con indias auxiliares o concubinas, y que además provienen de una sociedad con muchas restricciones sexuales, y aquí lejos de las autoridades se da la oportunidad de desenfrenos. Por eso no sólo violan mujeres, sino también a niñas, y niños diría. La indignación de los indios no proviene tanto de que mantuvieran relaciones sexuales con las indias, sino que lo hacían no respectando las reglas de la sociedad aborigen ante las uniones sexuales. Las uniones rompían las reglas del parentesco, todos motivos bien importantes para la violenta reacción que ejercieron los indios ante los atropellos de los españoles.
Por otra parte debe tenerse en cuenta que los españoles venían recién saliendo de una prolongada lucha contra los árabes en las que las mujeres fueron botín de guerra. No es de extrañas que los conquistadores señalen que las indias son como moriscas. Y además señalar que los indios son sodomíticos, condición que era atribuida a los árabes.
Es cierto que las referencias a las mujeres son muy escasas para el siglo XVI, pero también lo son para los indios, pues los españoles de este siglo en el noroeste novohispano no andan en son de fundar ciudades, de asentarse, sino tras riquezas que puedan apropiarse fácilmente.



[1] Julio César Montané Martí, Hernando de Alarcón. Primer explorador del río Colorado, Unjhiversidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, 2002. p. 57.
[2] Ibídem, p. 65.
[3] Julio César Montané Martí, Francisco Vazquez Coronado, sueño y decepción. El Colegio dc de Jalisco, 2002, Zapopán, p. 61.
[4] Ibídem, p. 221
[5] Baltasar Obregón, edición de Eva María Bravo García, Historia de los descubrimientos de la Nueva España, Editorial Alfar, 1997, Sevilla. p. 152.
[6] Ibídem.
[7] Ibídem, p. 202.

1 comentario:

Magaly dijo...
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